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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA
NAVARRA
Tarde del viernes, 11 de julio de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Adolfo
Martín Andrés, deslucidos y peligrosos.
Diestros:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC, El
Mundo
El País.
JOSÉ LUIS MERINO. No
existen lidiadores
No saben lidiar, porque no les han enseñado a lidiar. Les dijeron o soñaron
los toreros que pensaban en la gloria que el toreo es pegar derechazos y
algún natural para completar las faenas, y si además entran unos
trincherazos de propina, ahí empieza a hacerse cada torero con tres o
cuatro cortijos en media docena de años.
No saben, porque no lo han visto, que ha habido faenas memorables en la
historia del toreo que no requirieron derechazo alguno, ni siquiera
naturales. Bastaba con lidiar a los toros que salían difíciles. En
ocasiones, a esos toros los fogueaban y años más tarde, para no ser tan
crueles, les daban banderillas negras...
Todo esto para reseñar que en la corrida de ayer los tres toreros no
supieron ponerse en la tesitura de sentirse lidiadores. No saben porque,
repito, no les han enseñado, porque el toreo moderno sólo aspira a la
belleza de pitiminí.
Si cuatro de los toros de ayer recortaban, buscaban el bulto y llevaban
intenciones cuasi asesinas, lo que procedía era lidiarlos; andarlos por
la cara, torearlos con los pies y machetearlos siempre como auténticos
lidiadores. Después de dominar a un toro, esto es, lidiarlo, entonces se
cogía la espada de matar y se entraba con la entereza de los toreros
machos.
Lo que vimos ayer no tiene nada que ver con el aura que hemos tratado
de definir en estas líneas anteriores. Líneas que evocan un pasado, pero
que está dentro de la tradición del toreo. Lo que no entra dentro de la
tradición es el espectáculo lamentable que dibujaron los tres diestros
contratados en la corrida de Adolfo Martín. Sólo cabe rescatar un
momento emocionante, cual fue en la estocada que Fernando Robleño ejecutó
al primero de la tarde, y que salió volteado. Salvo ese instante de emoción,
de auténtica verdad, fuera de ahí, el resto fue un quiero y no puedo.
El propio Fernando Robleño estuvo en su primer toro con poco
fundamento. Sus pases no pasaban de los medios pases. En su segundo sólo
fue una antología de intentos sin que echara mano de eso que estamos
aduciendo como es lidiar los toros.
Javier Valverde dejó en la tarde de un calor brutal su impericia por
torear de muleta, lo mismo con la derecha que con la izquierda, de igual
modo en el primer toro que en el segundo. Se le puede catalogar como un
Hamlet en continua duda. También se abonó a los medios pases. ¡Con lo
bien que hubiera estado lidiando a ese su segundo toro, macheteándolo,
dominándolo, haciéndose con él!
Lamentablemente tenemos que decir que Serafín Marín es uno de los
toreros menos puestos y más verdes que existe en el escalafón. Fue
lamentable verle naufragar ante sus dos toros. Es verdad que le tocó el
peor lote, puesto que el tercero de la tarde era un toro difícil, que
recortaba por el pitón izquierdo y que tenía gatos en la barriga. Volvió
a poner en evidencia que tampoco sabe lidiar esa clase de toros. En su
segundo empezó dudando con el capote. Cada dos por tres se descubría. En
ocasiones, el sexto toro iba bien, pero el torero no llegó a entender a
ese toro. Toreó con medios pases. Demostró palpablemente cuán verde está.
Imaginamos que el público no demasiado enterado de estos matices
lidiadores se iría con la sensación de no haber visto un buen derechazo
o un buen natural. Es más, creería que esta clase de toros no existen
entre el ganado de bravo. Pensarían que los toros entran en el mercado de
las plazas de toros para embestir con facilidad, de modo que los toreros
corten orejas de forma muy fácil, que salgan a hombros y la fiesta continúa.
No, los toros es una fiesta brava que viene desde siglos pasados a un
galope no apto para definiciones facilonas.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Correosa y dura corrida de Adolfo
Fue correosa y dura la corrida de Adolfo Martín, muy seria y fuerte.
Tensionó la tarde de principio a fin, con escasos momentos de respiro.Un
día más la masa de la solanera se comportó de forma intolerable: las
almohadillas que caían en torno a César Pérez durante la brega del
sexto, una de ellas le alcanzó mientras lo cerraba en el burladero,
descalifican a los «graciosos» peñistas hasta los límites más bajos y
despreciables.
Fernando Robleño se apretó los machos con el adolfo que rompió
plaza, ya desde el recibimiento con el capote, manejado con fibra y decisión
en los medios, a la verónica. El esfuerzo fue tremendo en la muleta, que
se batía con el viento la recta caída a la par que trataba de dominar
los cortos y pegajosos viajes; al natural se sostuvo la emocionante trama,
sin que el toro rematase nunca el muletazo.
Valiente de verdad
Valiente de verdad Robleño, que arrancó a por todas con la
espada, en un allá voy que suple sus carencias de matador. La voltereta,
una vez más, su enésima en la suerte suprema esta temporada, no se saldó
en cornada de milagro. Las astas revolotearon el cuerpo del torero en la
arena, que se zafó en un forcejeo inquietante, aleteo de capotes
salvadores. Incorporado y redivivo, con la taleguilla rota, a la altura de
la ingle, el gesto crispado, la mano alzada como vencedor, sabedor de que
la estocada valía una muerte pronta, le conferían una imagen épica.
Tardó en reaccionar la plaza y también el palco; una vuelta al ruedo de
ley, ganada a sangre y fuego, compensó, en parte, la entrega. Orejas de
menor calibre se han dado.
Imposible fue el cuarto, que se vencía con instintos carniceros. Una
larga cambiada en el saludo y la voluntad quedaron en su bagaje; la técnica
estoqueadora sigue como asignatura pendiente.
Si éste resultó la encarnación del mal, el tercero fue el que lo
inventó, un auténtico marrajo, avisado y de mirada encendida en sangre.
En banderillas ya se metía por dentro del capote de Valenzuela, que
resoplaba; César Pérez estuvo importante con los palos. En estas
circunstancias reaparecía Serafín Marín después de más de un mes
inactivo, con una fractura de brazo. Planteó batalla, si se puede llamar
así, como dormido, como si enfrente se encontrase un amigo con el carretón.
Así, claro, cobró dos volteretas, una por cada pitón, más un desarme
de ingenuo. Y es que está muy nuevo. Mató a la tercera.
Se sobrepuso con el último, que manseó en el caballo y se dejó algo
más en la muleta por el pitón izquierdo, de manera desigual. Ora se
tragaba el pase, ora se frenaba. Marín sacó algunos con mérito, muy
bien colocado siempre y enganchando las
embestidas por delante. Causó mejor sensación, aunque debió cortar
antes la faena, prolongada innecesariamente. El descabello silenció la
segura ovación.
Javier Valverde nos desconcertó con su primero, peligroso a derechas y
más asequible a izquierdas. Casi siempre toreó con la espada por delante
de la muleta, ¿por el aire o por precaución? La cornada con los adolfos
en Madrid tal vez reapareció en algún momento por su mente. Su tono no
respondió al habitual. Un espadazo en el segundo encuentro puso punto y
final a la labor. Poco más sacaría ya del quinto, que topaba deslucido y
que, como el anterior, lo desarmó. Su expectativas son mayores que las
que demostró ayer.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Teoría de la bota de vino
Los toros de Adolfo Martín, que no fueron ni ángeles ni demonios,
trajeron por la calle de la amargura a tres diestros con fama de
aguerridos y cojoneros. En tardes así es difícil soportar una corrida ni
siquiera con la complicidad jaranera de las peñas. Pero hay otra
complicidad que a los aficionados de la grada del 3 nos hace llevaderos
los infortunios: la bota de vino de Javier; esto es lo que tiene La
Misericordia pamplonesa que no tiene el mundo entero.
Javier, por supuesto, no soy yo sino otro Javier, el de Mari
Carmen, que es amiga de Begoña que, a la vez, es amiga de María Jesús,
la de Teodoro, que, a su vez, son amigos de Jaime y de los Esparsa y de
las hermanas Irigoyen, que, por otra parte, emparentan o amigan con Luis y
con los Tirapu, que todos y todas saben un güevo de toros, tanto como de
botas o viandas. Si no fuera por esto ¿quién soportaría tardes como la
de ayer en La Misericordia?
Días atrás unos achaques de Javier, el de la bota y el de Mari
Carmen, nos tenían preocupados. Nada alarmante: la bota, como síntoma de
la sabiduría torera y vinícola, está otra vez en los tendidos. De
nuevo, los sanfermines genuinos en la grada del 3: la bota de Javier como
explicación bíblica de algunas cosas del mundo de los toros.
A Fernando Robleño alguien tendrá que explicarle que, de esa forma
tan primitiva, no se entra a matar; que una cosa es volcarse, y otra muy
distinta tirarse a topacarnero. Como la propia palabra indica, un carnero
que topa y choca. Ayer esa extraña forma de hacer la suerte de matar le
valió una vuelta al ruedo; pero pudo costarle una cornada. Alguien tendrá
que decirle que la mano que mata es la mano izquierda. Si no lo aprende va
a tener un disgusto serio. Hoy por hoy, Robleño es más fuerte que los
toros y sale rebotado o colgado de un cuerno; ojalá un día no salga,
como ya ha salido alguna vez, con las carnes desgarradas o algo peor.
Robleño no se repuso del susto ni del revolcón en el cuarto.
A Javier Valverde, torero serio y estoico como sus tierras castellanas,
también tendrá que explicarle alguien que si un adolfomartín se traga
unos cuantos medios muletazos, no es síntoma de que vaya a seguir tragándoselos.
Por eso, por esa confianza en signos equívocos, sufrió ayer un acoso que
no acabó en derribo de puro milagro. El adolfomartín se hartó de la
promiscuidad encimista y sobona de Valverde y le tiró un derrote que lo
desarmó. En esas circunstancias, la labor de Valverde fue tesonera, monótona
y aburrida. Al quinto le atizó un bajonazo infame y Javier Valverde
saludaba al gentío como si de una media lagartijera se tratara; alguien
tendrá que decirle a Valverde que con este sablazo es indecoroso saludar.
Por último, alguien tendrá que enseñarle también a Serafín Marín
que los terrenos son los terrenos, que la muleta sirve para taparse y no
para descubrirse y que, cuando un toro busca descaradamente el cuerpo del
torero, no se puede andar con tiquismiquis ni florituras, hay que saber
lidiar. De acuerdo que el tercero era un marrajo criminal. Mas estarán
ustedes de acuerdo conmigo también en que Serafín Marín no supo por dónde
meterle mano a ninguno de los dos toros de Adolfo Martín. Y que estuvo
siempre a merced de su incompetencia y de las malas intenciones de los
animales.
En resumen, que de no ser por la bota de vino de Javier, el de Mari
Carmen, por los postres de María Jesús y por la voz de Teodoro, el
radiofonista de Navarra que mejor dice los versos, y que un día acabará
recitando en la grada del 3, la corrida hubiera sido un coñazo.
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