PLAZAS
DE TOROS
DE TARAZONA
DE ARAGÓN |
Plaza
de Toros Vieja de Tarazona 
NUEVA
PLAZA DE
TOROS Inaugurada el 23 de agosto de
1870 con una corrida de toros del hierro de La Campanilla en la que actuó como único espada
Salvador Sánchez “Frascuelo”.
El 17 de Agosto de 1963 Jaime Ostos sufrió su cogida más grave al ser alcanzado por un toro de Ramos Matías.
Tarazona de Aragón es cuna de matadores de toros como Manuel Pérez “Relojero” (siglo XIX), Enrique González “El Bayas” y Paquito Vallejo.
Aforo:
6.000 espectadores. Categoría:
3ª. Propietario: Benito Aparicio Guerra. Fiestas:
en el Corpus, agosto y octubre. 
Toros
en Tarazona de Aragón

Desde el año 2001 posee
la declaración de Bien de Interés Cultural
PLAZA
DE TOROS VIEJA
DE TARAZONA
El
deseo o la ilusión que llevó a las gentes de Tarazona a levantar una plaza de
toros se gestó y materializó en la segunda mitad del siglo XVIII, época en la
que el arte de torear se perfeccionó considerablemente. Esta circunstacia, al
poner de manifiesto las insuficiencias y limitaciones derivadas del
acondicionamiento, accidental y momentáneo, de una plaza pública para lidiar
toros, hizo pensar a los turiasonenses en la convenencia de contar con un lugar
debidamente preparado para el desarrollo y contemplación de los espectáculos
taurinos.
A partir de 1752, la Corporación Municipal, el
Gremio de Labradores y algunas personas particulares promovieron varias
iniciativas que no lograron hacer realidad el objetivo que se perseguía. Sin
embargo, todas ellas presentaban como denominador común una absoluta
conformidad sobre cual era el lugar más idóneo para construir una plaza de
toros en Tarazona: el Prado de la Virgen del Río.

Hubo que esperar hasta enero de 1789 para ver
surgir el intento definitivo. Por esas fechas, ocho vecinos, pertenecientes a
las clases acomodadas de la ciudad, se dirigían al Concejo turiasonense
ofreciendo construir “una plaza
compuesta de casas uniformes” si se les proporcionaba, gratuitamente el
solar necesario junto a la iglesia de la Virgen del Río.
Superados felizmente los trámites para la
concesión del terreno, los promotores se obligaban a edificar la plaza según
los planos y construir, a sus expensas, la Casa de la Presidencia que sería
cedida, gratuitamente, al Hospital de Tarazona.
Las obras comenzaron en el mes de abril de 1790
y terminaron dos años y medio más tarde. Así, en septiembre de 1792, el
Corregidor de Tarazona se dirigía a los concejales del Ayuntamiento manifestándoles
que “por parte de los sujetos obligados
a la construcción de la Plaza Nueva se había pedido permiso para tener unas
novilladas, a efecto de celebrar la festividad del Patrón, San Atilano”.
Propuesta sobre la que recayó el siguiente acuerdo: “Que,
en atención a estar la plaza recién construida, se pase a su celebración”. Por
consiguiente, a finales de septiembre de 1792, la plaza de toros estaba recién
construida y los festejos mencionados por el Corregidor tuvieron desarrollo el día
5 de octubre, fecha en la que formalmente se inauguró la plaza.
Desde un punto de vista descriptivo, la plaza
es una edificación de planta octogonal cuyos lados están construidos por
grupos de tres casas alineadas, de igual altura y con las puertas de acceso en
el interior de la misma. En su construcción se combinan la mampostería, el
tapial y el ladrillo. Constan de planta baja y tres alturas, con ventanas en el
perímetro exterior y amplias galerías en el interior que servían para acomodo
de los espectadores. Estas últimas están limitadas por arcos, sustentados
sobre pilares ochavados, y antepechos de forja. El acceso al ruedo se realizaba
por medio de cuatro túneles o puertas, situadas en los extremos de sendos ejes
octogonales; de ellas se dice que la del Sur era la puerta de cuadrillas, la del
Norte conducía al desolladero, la del Oeste comunicaba con los toriles y la del
Este servía para dar entrada al público. En los días de espectáculo, el
dispositivo se completaba con un tendido de gradas de madera que, apoyándose en
las paredes fronteras de las casas hasta el arranque de la primera balconada,
terminaba en la valla que delimitaba el terreno de lidia.
Hasta 1870 en que se inaguró el coso taurino
actual, la Plaza del Prado cumplió fielmente los fines para los que se edificó.
En ella se vivieron emocionantes tardes de toros; unas veces a cargo de diestros
de la tierra como nuestro paisano Manuel Pérez, “el Relojero”, o el
zaragozano Antonio Gil, “el Huevatero””; pero, en otras ocasiones, fueron
espadas de renombre nacional, como Francisco Arjona “Cúchares”, los que
mostraron su arte en esta plaza.
Este conjunto arquitectónico taurino
constituye hoy uno de los signos de identidad más destadados de Tarazona y su
importancia trasciende lo puramente local. La Plaza de Toros Vieja, inaugurada sólo
28 años más tarde que la construida por Ramón Pignatelli en
Zaragoza, tiene
el enorme mérito de mantener su estructura primigenia en un buen estado de
conservación, realzado recientemente por un acertado programa de restauración.
Dichas circunstancias la convierten en el coso taurino más antiguo y, sobre
todo, más original construido en territorio aragonés.
Desde el año 2001, esta plaza de toros posee
la declaración de “Bien de Interés Cultural”.
En el presente año ha ingresado en la Unión de
Plazas Históricas de España, la cual está compuesta por las plazas de toros
de las siguientes localidades: Almadén, Aranjuez,
Bejar, Campofrío, Santa Cruz
de Mudela, Tarazona.
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